image001.jpg (140209 bytes)  La Obra:Juego de representaciones; El Experimento Egipcio. 

 

“¡El Cairo es lo ideal, es la gran mezcla entre nostalgia de tiempos felices y la carrera del presente!”

El 11 de Septiembre le afecta profundamente a nivel personal haciéndole reconsiderar  y replantearse muchas de sus preconcepciones. Si siempre había vivido con esa mirada estereotipada colocada sobre él, los discursos que empezaron a emerger y las consecuencias del 2001 no hicieron más que acrecentar el sentimiento en Esid de la necesidad imperiosa de esclarecer los prejuicios que por su procedencia eran arrojados sobre el y de reivindicar y definir su identidad. Siente la necesidad de defender lo positivo de su cultura y de acabar con esos estereotipos que comenzaban a articularse y que ahora ocupan todo el imaginario occidental con respecto al todavía considerado y llamado “oriental”.

2001 fue por tanto una fecha clave y el detonante para empezar a pensar en la cuestión del Orientalismo y para desarrollar ese proyecto decide ir a vivir a Egipto, a El Cairo, por ser el centro geográfico y cultural del mundo árabe, con la idea de querer crear desde la misma vida y cultura árabe, intentando reconstruir y sanar las visiones negativas y distorsionadas que de ese mundo tiene Occidente, desgranando sus aspectos positivos y su belleza, y sobretodo y en sus propias palabras para “volver a sonreír”.

La obra de Osama Esid es primordialmente la elección de una técnica precisa, la utilización de unas cámaras de principios de siglo, que van a configurar un escenario determinado, una luz, una textura, un doble enfoque, unos colores que entran en armonía con el fondo, con la filosofía que se desprende de toda esta colección, que no es otra que la de cuestionar los estereotipos todavía tan consolidados que se imponen sobre lo considerado “Oriental”.

 

Cada composición es primeramente fotografiada utilizando una cámara clásica (a veces de creación propia) de gran formato con lentes de época.  Posteriormente las imágenes se revelan sobre gelatina plateada utilizando negativos de placa de cristal, técnicas de revelado utilizadas entre 1839 y 1920. Alternativamente también se utiliza el proceso de revelado de hierro Vandyke. Después de imprimir cada imagen en blanco y negro, se procede pintarlas individualmente utilizando pigmentos de color transparente. Se utilizan tres colores principales en este proceso de tinte: el azul, el amarillo y el rojo. Para cada foto hay una mezcla única. De hecho aunque cada foto tiene una edición de veinte cada una de las impresiones recibirá una aplicación diferente de color, convirtiendo de esta manera, cada fotografía en una pieza única. De esta manera la reproducción fotográfica se confunde con la exclusividad pictórica.

Esta técnica se conjuga además con una puesta en escena que aparece ante nosotros como una verdadera composición teatral. Cada una de las tomas tiene su escenografía propia; interiores con mobiliario de época, detalles de un tiempo perdido (telas, lámparas, flores, alfombras, sofás), modelos vestidos por el propio fotógrafo (telares de seda, pulseras, joyas y brillos), y exteriores que ante una primera mirada parecen composiciones realizadas en un simple estudio.

No obstante  Esid, que nunca se define como fotógrafo o artista sino como técnico y químico, utiliza y transforma hoy en día esta técnica tan precisa, que corresponde a un tiempo determinado y que en su contexto histórico respondía a la voluntad de retratar los deseos de una clase concreta de documentar la realidad existente según un prisma social occidentalizado.  El artista hace uso de esa técnica para jugar con el trasfondo que quiere transmitirnos. Así, Esid nos provoca y nos engaña. Si creemos estar viendo personajes de un tiempo perdido, olvidado y nostálgico, en realidad todo es ilusión; desde los espacios hasta los personajes.

Esid recrea por tanto en cada una de estas series fotográficas una ilusión y nos conduce en un juego de realidad y ficción. Una ilusión de espacios, con escenografías perfectamente trabajadas pero también una ilusión de personajes porque ni uno de los sujetos representados son modelos profesionales; en realidad podría tratarse de un transeúnte cualquiera. Son estatuas vivientes que afianzan la idea con la que el artista esta jugando;  el saber que todos podemos formar parte de lo tan estereotipadamente llamado “Oriental”.

Por tanto, la pregunta que se desgrana de toda esta puesta en escena no es otra que: ¿Cómo perciben los occidentales a los que designan como “orientales”? Y ¿Cómo representan tanto los occidentales como los orientales a  aquellos que consideran “otros”?

 

Así pues, en esta exposición, donde el leitmotiv es el “juego de las representaciones”, Osama Esid decide articularlo utilizando discursos diferentes y que en esta colección están representados en tres series fotográficas. En la primera titulada Orientalismo y Nostalgia se sumerge en un mundo estético y sensual, mientras que en la segunda Trabajadores de El Cairo y la tercera Ciudad en Distorsión, nos presenta una visión crítica de El Cairo contemporáneo.

volver