Esta instalación multimedia fue creada para una exposición
en marzo del 2007 en el Museo Nacional de Singapur, que desarrollaba
una serie de exposiciones con la temática de la guerra
como hilo conductor.
La obra de Jocelyne Saab nace de las imágenes acumuladas
en el Líbano durante las múltiples guerras que ha
sufrido desde 1975 incluyendo la última del verano del
2006. Es decir a través de esta exposición entramos
de lleno en el conflicto que desde hace más de 40 años
ha sucumbido un país, pero en particular una ciudad: Beirut.
La configuración de esta instalación, con su pasarela
metálica, estructura construida o andamio, responde a la
voluntad de la artista de introducirnos, aunque en un marco ficticio
como puede ser el del espacio expositivo, en las entrañas
de una ciudad; Beirut y toda su simbología.
Beirut ha sido considerada durante mucho tiempo dado su emplazamiento
estratégico, como cruce entre tres continentes y un acceso
clave hacia Oriente desde Occidente (o viceversa). De ahí
que la exposición utilice la simbología de los puentes,
como vínculo, tránsito y unión entre todos
estos territorios y sus culturas. Puentes cuya función
primigenia, se ha visto profundamente alterada tal y como nos
los presenta Saab a través de sus imágenes, al ser
destruidos en julio del 2006 convirtiéndose ahora en emblemas
del vacío de comunicación entre los pueblos.
“Haber vivido esa experiencia tan emotiva refuerza mi pertenencia
a esta tierra tan antigua. Para mi, es como una manera de viajar
en tres dimensiones en el tiempo. He concebido esta instalación
como una excavación arqueológica, como la que vivimos
los habitantes de Beirut. Intento que los visitantes sientan que
significa pasear, andar por una ciudad devastada por la guerra.
¿Que se aviva en la persona que se arriesga a deambular
por el jardín de la guerra?”
Pero, ¿por qué Jocelyne Saab nos quiere remitir
a la idea de un jardín? ¿Por qué hablar del
jardín de la guerra?
Entrar en el concepto de jardín es de alguna manera jugar
con el concepto de lo artificial y de lo real. El jardín,
es ante todo un espacio construido, un intento de análisis
de la relación del hombre con la naturaleza en un espacio
delimitado, construido por sus propias manos, y que en su variedad
cultural posee al mismo tiempo numerosos significados. Así,
Saab fuerza y obliga a los espectadores a entrar y a errar por
un jardín artificial, donde se mezcla simulacro y realidad,
sembrado de árboles de acero, arbustos de escombros, estatuas
desmembradas y donde no obstante los niños juegan.
Dentro
de esta imagen idílica destrozada irrumpe una temática
omnipresente de la instalación: el universo infantil. Más
de la mitad de los videos abarcan el tema de la niñez,
del juego y, de la inocencia fragilizada. Efectivamente el juego
es otro tipo de reinterpretación de la realidad como lo
puede ser el jardín creado. ¿A qué juegan
los niños de este jardín? El mundo imaginario del
niño es invadido por la realidad que le rodea y naturalmente
éste imita en ficciones el modelo terrorífico que
se le impone. Así pues, niños después de
la masacre de Shabra y Chatila recomponen en un juego catártico
la violencia desenfrenada que han presenciado, asesinando ficticiamente
a sus amigos, con la seguridad que facilita el mundo irreal. Niños
jugando con metralletas de madera, cajas de música de soldados
de carne y hueso, chicas adolescentes que rebosan una sensualidad
frustrada por las ruinas, muñecos utilizados para matar
al enemigo, cuerpos de niños calcinados. Guerra y juego
se confunden, superponiéndose de esta manera los papeles
de cada uno, adultos y niños, desorientando al espectador
hasta preguntarse ¿Quién es quién? ¿Quién
juega a qué? Parece insinuarse la conclusión que
la guerra no es más que un juego de adultos.
|