En todas las imágenes de este
trabajo un único ser es fotografiado. Con eso el artista
quiere reforzar el principio de singularidad que la imagen huella
establece con su referente, único y determinado. Pero este
ser, a través de la fotografía, se indetermina.
Él deja de ser uno para ser otro, ser múltiplo o
parte, para anularse. La fotografía interfiere con su representación,
con la visión de sus extensiones corpóreas y forma
seres semi-extraños e inimaginables. La fotografía
es, aquí, como la memoria concreta de un ser que nunca
existió pero que de una manera u otra ocurrió. Como
si la fotografía fijase imágenes oníricas,
imágenes que se formasen solamente en el interior del intelecto
–fotografías del noúmeno- a pesar de saber
que son meras trascripciones de fenómenos sensibles. Sin
embargo el registro no espejea el hecho vivido junto al hecho
real, y lo ultrapasa en una coreografía que refleja intenciones,
gestos, o narrativas internas que posibilitan realizar en imágenes
fijas ciertos flujos del imaginario.
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